Yo con mi histeria de media noche y Eugenia que no se calla ni quiere callarse… Me habla de arenas oscuras, de pescadores, tan quitada de la pena –o más bien, totalmente ajena a ella- y yo casi le pregunto cómo o de dónde es que le sale el ánimo para cantar todo eso una y otra vez, además de que quién sabe cómo le hace, que me contagia de la gana de romper esa maldita pared y tarareo ‘la pareeed’.
Coño! Pero es que esta tipa no se calla… está muy ella, le digo que Cri-crí no y me dice que entonces se ha de convertir en mar e inmediatamente me hace un performance que apunta a la noche diluyéndose por las luces del amanecer en el mar porteño, y mientras la observo hacerse a la mar me dice que ella es la mar. Me digo que está loca y quiero alejar mi vista de ella pero me ata con la fuerza de tritón y sirenas, es entonces que veo el mar como en tinieblas, con ventisca y tormenta en sus adentros, haciendo que el tiburón triture memorias y que corra sangre por los siete océanos, dejando que Neptuno se trague el olvido…
Ahora se envuelve en la callejuela empedrada, bajo un farol, totalmente argentina y me dice que ha vivido el parpadeo de las luces que van marcando su retorno (cómo puede seguir, con esa voz tan cristalina, tan nívea y envolvente después de tantos vaivenes…) pero antes de que se lo pregunte, me dice que aún guarda una esperanza y que es toda su fortuna (afirmo que está loca, pero es grande, no por decirlo, puesto que muchos lo hacen, sino por creerlo, porque, a la par que me hace reflexionar acerca de la esperanza, me explica que cuando se canse de la lluvia, la sangre y la guerra, se irá a la luna y dejará ‘la suerte perra’, pero sólo hasta entonces, además de apostar por el que pierde). Y yo a veces quisiera ponerme las alas de oro también, porque veo a mis congéneres, al mundo caótico y podrido del que hablamos sin decirnos y quiero decir adiós. Pero la muy… me recuerda que hay alguien, mi Alguien que cuando me dice ‘mi amor’ todo lo hace una delicia, porque con él soy naranjo en flor y me embriaga con la ambrosía que de sus labios brota... y ya no me quiero ir a ninguna parte que no sean sus brazos para respirar su aroma.
Qué tipa, le digo que está loca, dice que sí y, para burlarse un poco de mí, canta una balada para un loco, so pena de que la silencie por fin, pero está tan argenta… no puedo ni quiero hacer que cese su monólogo. Se desborda por las notas, loando vivas a quienes se dejan ‘enloquecer’ por el amor…
Ya quiero dormir, este día desquiciante, con sus respectivos matices multicolores y ánimos desbordados ha sido excesivo, y por último, me cuestiona ‘¿quién dice que todo está perdido?’. Yo no puedo hacer más que sonreír y repetirme ‘¿quién dice que todo está perdido?’, hay mucho qué hacer… país, ideología, amigos, amor, familia, planeta...
Dormiré, espero una noche, al menos, sin pesadillas.
DTGL/Sep07/06