Caminar en esta ciudad es casi tortuoso: colinas, pendientes pronunciadas, suelos húmedos y tacones no son combinaciones óptimas. No obstante, el aroma nocturno de los eucaliptos resultó ser un relajante justo para amedrentar la histeria y dotar de firmeza a las pisadas temblorosas de por encima de la hojarasca serenada.
Lunes
El frío no se hace esperar, y aunque en las mañanas el sol coquetee con mis ojos y me haga creer que estará para mí, sé que debo llevar una prenda extra para cubrirme cuando caiga la tarde. Hoy, al salir de la oficina apenas se podía ver lo que había tres metros delante. La niebla lo cubría casi todo.
Martes
Bajaba del taxi, con los pasos apurados subía los escalones de la explanada. Un zapato demasiado cerca del final del pantalón detuvo mi andar; una estrepitosa caída en medio del campo de visión de todos fue el resultado. Mi manita me duele.
Miércoles