Venciendo el reto de la hoja en blanco...
¿Qué hay para escribir? Sólo las impresiones de una ciudad de la que no me siento parte, verde-oscura y grisácea, de neblinas primaverales y gente miserable que se esconde entre la niebla para no ser descubierta en su falsedad y poca valía.
Si la desilusión y el hastío por esta ciudad y su gente se pueden evitar es sólo de una manera: no viviendo en ella aunque se viva y conviva en su geografía.
Persigo cielos donde se refleje la cristalidad del aguamar, donde los pájaros canten sin miedo, como las gaviotas revoloteando por arenas desnudas y entonando su voz, peleando con los vientos reacios que tratan de intimidarlas e intentan impedir su paso.
¿A dónde regresé? ¿A mi hogar o mi infierno? Cubro los rostros de la gente que, de por sí fea en apariencia, su fealdad 'personalítica'* les pinta los rostros de gestos, modales, entonación y actuares de mimos grotescos y miro hacia las copas de los árboles, deseando encontrar un poco de aire para respirar sin el humo que se absorbe a ras de suelo.
Las estrellas, aunque enlunadas y noctámbulas emergen frías de su ser, como si supieran que quienes las miran desde este lado no las merecen, se vuelven indiferentes, frías por demás, igual que el viento.
Ciudad que apesta, gente que apesta -en gran medida por no tomar un baño diario tomando la temperatura ambiente como pretexto. Rostros que se confunden entre ellos por carecer de personalidad. Ni siquiera los perros ladran o los gatos se mueven felices por los tejados. Siempre los escucho riñendo.
¿Que si quiero irme y no me he ido? No sé a dónde ir, a donde quiero, ahí no puedo.
*Licencia poética